El día de la nueva normalidad

Todas las noches en la cama pregunto cuánto faltará para llegar al día de la nueva normalidad. Mi señora siempre me responde que añora la vieja normalidad, cuando la dosis de la vacuna era más frecuente. Yo le digo que la vacuna todavía se está probando en Oxford y ella se pone a buscar cuánto sale un pasaje a Inglaterra. Los vuelos comerciales están prohibidos, le aclaro, y ella me dice que no le puedo cerrar las fronteras porque vivimos en la misma jurisdicción. Cada vez que le digo que tenemos que evitar la transmisión del virus me pega una cachetada y me dice que el contagiado debo ser yo. No puede ser, si respeté todas las medidas de distanciamiento, explico. Me da la razón con lo del distanciamiento pero me advierte que de seguir así voy a dejar de ser esencial y me voy a convertir en exceptuado.

Le digo que no tengo los síntomas y ella dice que ya perdí el gusto, el olfato y la hombría. Cuando le propongo que esperemos el amesetamiento de la curva me dice que ella está necesitando todo lo contrario. Que antes la dejaba en terapia intensiva y ahora no paso de la fase 2. Le digo que somos todos factores de riesgo hasta que desarrollemos anticuerpos y me responde que el anticuerpo soy yo. Ahora entiende a la china que se comió un murciélago porque ella en esta situación se comería a cualquier bicho.

Es hora de la reactivación y de la apertura, reclama, y yo le digo que deben continuar las restricciones en el área metropolitana. Me dice que la orden de restricción la va a pedir ella y que yo voy a tener que salir corriendo como un runner. El comité de expertos recomienda el aislamiento, le recuerdo. Me reconoce que va a terminar en aislamiento, deseando que llegue el momento de las salidas recreativas cuando la metan en la cárcel por homicidio.

Si le confieso que tengo miedo de las secuelas me dice que no me preocupe porque esta película está por terminar. Le pido que tenga empatía con esta situación de emergencia y me dice que me va a flexibilizar la cara. Desde que arrancó la cuarentena que ni le hago un testeo, protesta. Es muy caro el hisopado, expongo, y me dice que vaya tramitando el IFE porque me va a sacar hasta el último centavo. Cuando me dice que no la voy a poder ver ni por zoom, me acuerdo que tengo una videollamada pendiente con mi madre. Noto el brote y el colapso en su cara. Me arma la valija y me indica que la nueva normalidad ya me llegó: estoy en la B metropolitana.

Get the Medium app

A button that says 'Download on the App Store', and if clicked it will lead you to the iOS App store
A button that says 'Get it on, Google Play', and if clicked it will lead you to the Google Play store